sábado, 1 de enero de 2011

De la noche vieja al año nuevo

Antes que nada, ¡Feliz año nuevo 2011 a todos!

Dicho esto, hablemos un poco de los rituales de la noche vieja, la cena de año de nuevo:

Existen diferentes maneras de celebrar la noche vieja o cena de año nuevo, todo depende del tipo de persona; existen aquellas que pasan la noche en casa, solos acompañados por su pareja, amigos y/o familiares; otros prefieren salir de casa, celebrar en salones de fiestas, ir a casa de algún familiar o amigo, o pasarla en algún restaurante o antro; y por supuestos hay aquellos que reciben el año trabajando.

En mi caso muy particular, bueno, celebro en compañía de muy peculiar familia; verán, tengo 6  ruidosas, escandalosas y voluntariosas tías por el lado de mi mamá, ellas decidieron que para hacer feliz a su madre (mi linda abuelita), turnarse la cena de año nuevo, de la mayor a la menor, éste año, comenzando de nuevo el ciclo, tocó el turno a la hermana mayor, así que el centro de reunión se ubicó algo al sur de la ciudad de México. Mi familia es un poco numerosa, además de las 7 hermanas están 4 maridos correspondientes, y 12 sobrinos (primos para mi), que van desde un hombre de treinta y tantos, hasta una bebe de meses; así que todos reunidos en la casa de la hermana mayor, cuya obligación es organizar todo, repartir qué debe llevar cada una de sus hermanas para la cena, y esto va desde los refrescos y botanas, hasta quién hace el pavo y el resto de la comida.

Para la cena el pavo es cocinado por mi hermano mayor (que tiene complejo de chef internacional), y cada año es cocinado de manera diferente y nunca de la forma tradicional, éste año fue hecho al axiote y jugo de mandarina, acompañado por el tradicional guisado de "relleno de pavo" y ensalada de manzana, que la segunda hermana en la lista hace de forma extraordinaria, y un espagueti (del tipo que sirven en bodas y quince años), que una de las hermanas más jóvenes realiza para deleite de su marido y su hijo (pues sólo a ellos les gusta).

Como en todas las familias, existe aquella persona impuntual, que por obvias razones, se le asigna la tarea que no pueda interrumpir de ninguna forma la cena, en éste caso, la cuarta hermana, a quién se le encomienda la tarea de proveer las uvas, y que para hacerlo bien, dado que es lo único que se le ha encomendado, realiza pequeñas bolsas individuales etiquetadas con los nombres de todos los asistentes.

Es común en toda familia, que exista alguien que odia cocinar, y éste es el caso de mi madre, la tercera de las hermanas, a quién sólo se le encomienda el pan, refrescos y botanas, y todo aquello que se pueda comprar.

Así que una vez que se tiene todo, comienza la locura en la cocina, donde entran y salen platos, llevados por los meseros de lujo, o sea, todo aquel que se ofrezca o se asigne para la tarea. Por ser una familia que se encuentra distribuida por toda la ciudad (unos viven en el centro otros en el sur y otros más en el norte), y separada por el tráfico, nos es muy común vernos reunidos a todos, sólo en bodas, algunos cumpleaños y la cena de año de nuevo; así que todos aprovechan para ponerse al tanto de la vida de los demás, unos con genuino interés, otros por chisme y unos más para poder alardear de su propia vida.

Y así entre charlas sinceras y otras no tanto, llega la cuenta final, el clásico 10, 9, 8, etc. Cada quién toma su bolsa etiquetada de uvas  y su copa de sidra (previamente repartidas), y se ponen a comer uvas como si la vida se les fuera en ello. Cuando ya todos hubieron terminado sus uvas, mis "adorables" tías piden a mi abuelita que diga el brindis (al cual cada año se niega), y como era de esperarse, mi linda abuelita, trató de salvarse del brindis, y como cada año, no lo consiguió, éste año fue convencida por la segunda hermana y mi madre, cosa curiosa, ambas le "soplaron" el discurso, de forma bastante indiscreta, pero muy cómica.

Ya dado el discurso, hecho el brindis, vienen los abrazos, estos, al igual que las conversaciones, fueron de los más sinceros, hasta los menos sinceros. Y al último de todo, el pastel para festejar a la menor de las hermanas, que tuvo la suerte (quien sabe si buena o mala), de nacer el día 31 de diciembre.

Y con esto concluye el festejo de la noche vieja y el año nuevo en mi familia.

Se despide un Fénix feliz por un año nuevo, dejando atrás el viejo, y deseando un feliz comienzo para todo aquel que lea esto.

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