Una de las profesiones menos reconocidas en el mundo entero, es la del docente, los docentes somos los encargados de educar, de impartir conocimiento, también, porque no decirlo, de soportar desplantes, groserías y en resumen, un motón de alumnos que no saben la importancia del conocimiento hasta el momento en que lo necesitan.
Así pues, los estudiantes varían, entre aquellos que les importa una calificación, los que de verdad quieren aprender, o los que a mi modo de ver, son los peores existentes, aquellos a los que se les obliga a ir a clase, pero que en realidad no les interesa, ni la calificación ni el conocimiento, y que, como fueron obligados a asistir, tratan de pasar su tiempo, de la forma más agradable para ellos, sin importar si esto afecta de alguna manera a la dinámica de la clase, o si evitan que el resto de sus compañeros entiendan los temas impartidos, o si dificulta la labor docente, no, para ellos, lo más importante en su día, es divertirse ellos, sin importar nada más.
Por desgracia, es éste último grupo, el que se está reproduciendo, el que está tomando el control de las aulas (o quizá sólo es mala suerte mía), sí digo desgracia, por que lo es, el número de alumnos a los que realmente les preocupe la calificación, o el conocimiento, va en desmedro, ya es mucho que culturalmente hablando los estudiantes de hoy en día estén deficientes, pero ¿qué hacer con quien no quiere estar ahí? ¿cómo motivar a quién se reusa a ser motivado? O más importante aun, ¿cómo ayudar a quién no quiere ser ayudado?
Es por estas preguntas, que he decidido compartir un poco de lo que yo veo en las aulas todos los días, tanto en nivel bachillerato como en nivel licenciatura, y debo advertir que es vergonzoso como los alumnos que ya han cursado niveles educativos previos, tengan un nivel cultural tan deplorable.
Los alumnos de la actualidad, no sólo son los orgullosos poseedores de una espantosa ortografía, sino que además demuestran una poco admirable vehemencia por la persistencia en ello, no sólo no les interesa corregir las faltas ortográficas, sino que se molestan y ofenden cuando el docente les obliga a corregirlas, y es entonces cuando escuchamos frases como: "Ay miss, es que los acentos no me gustan" o "ay miss, nadie me revisa la ortografía", o mis favoritas, "ay miss ya reviselo así, no sea mala", "es que el corrector de Windows no lo corrigió". Y tenemos faltas tan imperdonables como: "Iva", "aser", "i haci", "telebición". Y su solución es un "ay perdón".
Pero la ortografía no es el único de sus problemas, ni mucho menos el más grave, sus problemas son variados, van entre la conducta odiosa o apática, hasta el no respetarse ni sí mismos, sintiendo que deben ser graciosos o que deben tener el poder de hacer lo que quieran cuando quieran, generando así casos como el alumno que decidió tomar una botella vacía de gatorade, y orinar en ella, dentro del salón de clases, frente a todos sus compañeros y al docente, sólo por demostrar que nadie puede mandarlo. Además, no podemos dejar de mencionar las constantes faltas de respeto que el docente debe soportar, acompañado de los posteriores ruegos para no sacar un bien merecido cinco (en el caso de que les importe), y no podemos dejar de lado los trabajos "bajados" de Internet, que los alumnos pretenden entregar como propios bajo el pretexto de "no tengo tiempo", que además de saber que los trabajos no son originales, exigen que sean calificados como si lo fueran, pues según ellos, su trabajo les costó buscarlo e imprimirlo, si me lo preguntan, su comportamiento y pretextos son patéticos.
Pero, ¿quién tiene la culpa?, la respuesta más simple sería "El alumno", pero ¿en verdad es él el único culpable? En mi muy personal opinión, no, el estudiante no es el único culpable, la realidad es que en casa, los padres o tutores son responsables por la formación moral y ética de los alumnos, los profesores de niveles básicos, son los responsables por su formación en el uso del lenguaje, y sin embargo, tenemos estudiantes en nivel licenciatura, que no saben escribir correctamente, que no saben que sucedió el 2 de octubre de 1968, pero que creen que son muy cultos porque vieron en el cine los filmes de Olallo Rubio, pero jamás en su vida han visto un filme de arte. O alumnos de preparatoria que siguen con la creencia de que la mayúsculas no se acentúan, a pesar de que esa regla orográfica fue reformada hace más de 15 años, que no tienen ni idea de lo que sucede en el mundo, pero sí saben quien es el portero de la selección mexicana de fútbol, desconocen la historia de su propio país, pero se saben de memoria la alineación de su equipo favorito, que hasta hace unos meses no les interesaba el funcionamiento del sistema penal mexicano, pero ahora creen saberlo todo, solo por haber visto un documental famoso en el cine.
Si estos son el futuro de nuestro país, entonces hay que preocuparse, pues por desgracia, ellos van a transmitir sus deficiencias a otras generaciones, y entonces, habrá que temer, pues el mundo estará en caos, ¿es eso lo que queremos?
Se despide un Fénix, preocupado no por el futuro, sino por el presente de estos estudiantes.
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