Todos en alguna ocasión hemos asistido a una fiesta infantil, de algún familiar, o del hijo de algún amigo, sin embargo, esta no es una historia de su servidora como invitada en una fiesta para niños, no, es la historia de como es ser la fotógrafa en una fiesta infantil, una historia un poco terrorífica, así que decidan si quieren seguir leyendo.
Pues bien, todo comenzó buscando sacar un poco más de dinero para el fin de año, como dicen coloquialmente, "Persiguiendo la chuleta", un conocido un tanto especial en su forma de ser, decidió celebrar el cumpleaños de su hijo, el primogénito, y como éste hombre es ranchero, el primogénito supone un gran puesto en la familia, así que decidió que debía tener lo mejor, al menor costo posible claro está.
Teniendo conocimiento de mis habilidades en la fotografía, me ofreció el trabajo, cinco horas de trabajo tomando fotos en un salón de fiestas infantiles (como es de suponer si estoy narrando la historia, acepté el trabajo).
Uno de los puntos más importantes de la fiesta es que era temática, sí, había disfraces y todo, el tema la película de dibujos animados "Toy Story", así que el niño festejado iba disfrazado como el personaje vaquero conocido como Woody, con todo y su caballo Tiro al Blanco, por supuesto que había otros niños disfrazados, en términos comunes eso es normal y soportable a la vista, pero lo más terrorífico fue que los padres también iban disfrazados, la mamá, una señora joven y rubia (a decir de muchos bastante atractiva), estaba vestida como la vaquerita Jessie, el papá por otro lado, un señor que tiene al rededor de 40 años y con una enorme panza chelera, se puso un traje del astronauta de la historia, sí estimados lectores, se vistió como Buzz Lightyear, con mallas, alitas y todo.
Así que pasando la impactante impresión del principio, las órdenes del padre fueron explícitas, pegarse al niño como un chicle, tomar todas las fotos del niño posibles y olvidar al resto de los invitados, así que como se me ordenó, me pegué al niño, el problema fue que al niño no le gustan las fotos, así que como paparazzi estuve escondida detrás de las personas y los juegos para tomar las mejores fotos posibles del festejado, que después de haber recibido sus primeros regalos decidió quitarse el disfraz y botó el caballo y el sombrero, poco después el chaleco terminó aventado en alguno de los juegos, los papás estaban tan ocupados atendiendo a los invitados que tardaron un buen rato en notar que el niño ya no traía disfraz, pero cuando lo notaron, decidieron que no habían pagado por el disfraz para que no lo usara así que cada vez que el niño se lo quitaba, los papás se lo ponían de nuevo, y aprovechando el viaje, lo obligaban a posar para la foto algún familiar o invitado, a lo que el niño ofrecía sólo unos segundos de quietud antes de lograr escapar de los papás.
Uno de los regalos más importantes que recibió el niño, fue por parte de su tío, una silla para montar del tamaño justo para un niño de hasta cinco años, el pequeño encajaba perfecto en la silla, ¿cómo lo sé? La silla venía montada en el caballo personal del niño, caballo que fue en alguna época del padre del niño. Así es tal y como lo leen, un caballo fue uno de los invitados a la fiesta, aunque fue sólo por un rato, pues no tenían modo de meterlo al salón de fiestas, aunque el niño quería hacerlo, pero no lo dejaron, cosas de higiene y seguridad. Y por supuesto la hábil fotógrafa, estuvo tomando fotos del niño motado en su caballo "Tornado", el cual era como tres o cuatro veces más grande que yo, y el papá por supuesto quería fotos en todos lo ángulos del caballo con el niño montado.
Entre muchas de las cosas que ofrecieron los padres de entretenimiento se encontraron desde la comida hasta una botargas de Woody y Buzz Lightyear, para éste evento el papá del niño decidió quitarse el disfraz, lo cual todos agradecimos mucho, no era nada agradable la visión de un hombre cuarentón, fuera de forma con mallas y alitas.
Después de las botargas, hubo piñata, por supuesto una fiesta infantil sin piñata no es nada, pero el niño no estaba interesado en la piñata, solo quería estar con la botargas, así que practicamente fue obligado a dar un par de golpes, los cuales dio sin ningún entusiasmo, nada bueno para las fotos.
La piñata terminó rota por uno de los adultos, pues los niños pasaban y pasaban y no lograban hacer nada, por supuesto como era de esperar, los niños fueron felices tomando dulces, pero sin dejarme tomar foto del festejado, al final, no pude conservar tan feliz momento para el niño, entre otras cosas, porque se acabó la pila de mi cámara, por suerte, tenía el cargador y unos minutos antes de la siguiente actividad, así que a cargar lo más que se pudiera.
Un rato después de la piñata, los animadores del salón organizaron juegos para chicos y grandes, entre los juegos, hubo uno muy curioso, donde los adultos (entre ellos la mamá del niño), tuvieron que ponerse pelucas y correr en círculos persiguiendo al de adelante para ir cambiando pelucas, quien quedara sin peluca quedaba fuera, así que imaginen la divertida imagen que resultó de eso, pues además la pelucas no eran nada bonitas, al contrario, eran parecidas a las que usan los payasos.
Por último, un show de payasos, bastante divertidos, aunque nada fotogénicos, pero hice mi mejor esfuerzo con ellos. Los payasos felicitaron al niño al final de show y partieron el pastel con él, solo que no era un pastel común, no, estaba hecho de muchos panquesitos, tan dulces que se quedó la mitad, además fue lo último de la fiesta y ya muchos invitados se habían ido.
Al final terminé tomando como 300 fotos de una fiesta de 5 horas, y como sobró mucho de los panquesitos, me dieron todos los que quisiera, un cosa muy buena pues me gustan los panquesitos.
Así que después de un hombre de cuarenta y algo con disfraz de Buzz, botargas, juegos y payasos, éste Fénix, terminó muy cansado, y sin ganas de volver a hacerlo, al menos no por el momento.